No, no se debe hacer llorar a una tierna princesa; el corazón de su pueblo tiembla de pena cada vez que cae una dolorosa lágrima de su rostro. No hay sol que alumbre cuando una princesa llora.
En la tierra de los elfos la belleza y el poder se derramó en cada uno de sus hijos; son como los dioses del polvo a los que vanamente nos afanamos en convertirnos.